Todo grito termina en afonía, Por David Axel Cohen

A pocos días de las elecciones presidenciales es necesario hacer una advertencia: no hay tres opciones, son solo dos. De un lado tenemos populismo (de izquierda o de derecha), y del otro un republicanismo liberal moderno.

La Libertad Avanza y Unión por la Patria representan lo mismo. Seducen alelectorado con aquello que necesitan escuchar, sin importar si se puede luego responderpor ello e implementar políticas públicas de mediano y largo plazo. Lo único que importaesganar,sidespuéssepuedegobernarnoesunproblema,porquesiempreseestáatiempo de atar con alambre o echarle la culpa a alguien o a algo. Como no creen enplanificarutilizanel“vamosviendo”ydeúltima“sálvesequienpueda”…Yasíestamos.

Argentina está enferma de cortoplacismo, son muchos los años en los que solo se buscan resultados pero no se sostienen procesos. La gravedad de esta enfermedad es que llegamos al punto de naturalizar lo imposible: aprobar sin estudiar, ganar plata sin trabajar, progresar sin hacer esfuerzo. Aceptamos que la meta es llegar a fin de mes, no desarrollar nuestras vidas con plenitud. El populismo sostiene que “alcanza con sobrevivir”, y se mantiene en el tiempo con la misma fórmula, “nosotros al menos garantizamos lo básico, el cambio seguro va a ser peor”. No proponen ideas, siembran miedo.

En Argentina no se termina de entender la distancia infinita que puede haber entre lo que se dice y lo que se hace. En este país se desarrolló la política de lo discursivo, la retórica bonita que toma la escena, el relato que nunca será pero no importa. Tenemos esa necesidad infantil de no dejar de creer en los reyes magos. Todas las noches nos vamos a dormir con la convicción de que a la mañana van a estar los regalos y si no aparecen, seguro que es porque los camellos se quedaron tomando agua en algún lugar, pero mañana vendrán seguro. Lo esperable es alcanzar el día en el que asumimos que vivimos inmersos en una fantasía y que sería saludable hacernos responsables de nuestro propio destino. Pero no, casi a punto de despertarnos escuchamos un grito fuerte a lo lejos. Esta vez no vemos el camello, pero es aún mejor, es un hombre con melena de león que gruñe fuerte y que tiene en un brazo una motosierra y en el otro un puñado de dólares. Por fin llega el rey de la selva, se renueva la esperanza, pero cuidado, todo grito termina en afonía.

Quienes ahora pretenden representar el cambio son más de lo mismo. Para gobernar no alcanza con gritar, hay que hacer. Y para hacer hay que tener la capacidad. Massa es evidente que no la tiene, hoy es gobierno y no consigue implementar nada de lo que dice. Hace apenas unos meses prometía una inflación mensual en descenso progresivo y que a partir de abril quedaría por debajo del 3%. Milei dice que va a hacer el lunes lo que se desdice el martes. Habla de la casta pero solo representa ello, nos dice lo que hay que hacer, pero no cómo hacerlo. La inconsistencia y el delirio es total, pasamos de cerrar el banco central y dolarizar a dejar todo como está pero con libertad, que no se termina de entender lo que significa.

El único cambio posible y real es el que hoy representa Juntos por el Cambio, liderado por Patricia Bullrich. Es clara y contundente. Asume que hay que ordenar para poder crecer y desarrollarnos. ¿Qué significa? Los chicos en las escuelas, los médicos en los hospitales, la policía en la calle, los narcos en la cárcel, la ciudadanía libre y trabajando. No es pomposo, pero es real.

Tenemos que dejar de discutir lo obvio, tenemos que entender de una vez y para siempre que lo importante no es apagar el incendio, es evitar que se produzca. No necesitamos más bomberos, necesitamos dejar de encender mechas. Quizás sea el momento de animarnos a generar menos golpes de efecto para trabajar en la implementación de políticas públicas puntuales y concretas que faciliten el desarrollo y no cambien en dos años. No podemos volver a empezar todo de cero cada cuatro años.

Para que el mejor futbolista pueda meter un gol necesita que haya un arco. No podemos seguir pretendiendo que lleguen los goles si no hay a dónde patear y mucho menos si cambian las reglas de juego en el medio del partido.

El cambio real es poder sostener un proceso en el tiempo, es garantizar condiciones básicas, es comprender que el único objetivo de un gobierno es mejorar la vida de las personas que integran su comunidad. La única finalidad es el bien común, todo lo que se aleje de esto no tiene ningún sentido. La dignidad no puede ser un lugar al que se llegue, debe ser el lugar desde el que se sale, no puede ser más una meta, debe ser una base.

Todos los que alcanzan la presidencia pretenden hacer historia, mientras lo que necesitamos es que se venga de una vez por todas a construir futuro.

David Axel Cohen

Director General del Instituto Repúblic

Fuente: Informe Norte – Noticias de la Zona Norte / Opinión / Daniel Axel Cohen

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